Ella no quiere dormir.
Desvelada camina entre espinas y envases vacíos de tanto esperar.
Muere o vive, camina o vuela, viaja joven o ya vieja.
Cree en sus palabras de voces bajas, esas que murmuran en noches tibias
Abrazadas a zapatos ya moribundos, y como un perro abandonado viene a su encuentro.
Me abraza y me consuela, nos miramos y somos mar, tierra y fuego.
Enciende un sol perezoso en alguna que otra mañana muerta,
Y en tardes tristes hablamos de ocasos calidos frente a ese mar del que siempre estuvo enamorada.
Tu rostro es poesía desvelada, en él se lee un libro con palabras calidas y frías,
En tu ojos se ve la incansable necesidad de la respuesta, y como te duerme la vida en esa inmensa cama al pie del vacío.
Sube y sube por ese andamio estrecho vestida de arlequín soñando con una sonrisa eterna.
Rasguña el filo de tu placer, pero nunca duerme solo descansa,
La has cobijado y solo vos morís.
En tus sueños camina desnuda y la ves dormida, pero ella sigue intacta. A veces lúcida pero siempre desvelada, sin sueño, ese que te sobra a vos.